El cineasta Gabriel Arregui pasó por INFOLAPLATA, en diálogo con Mario Ciancaglini en Sirivinsky Stream, habló sobre su trayectoria, el proceso de producción de Arakiri y las dificultades de hacer cine en el contexto económico actual. La película fue rodada en distintos escenarios de La Plata y contó con la participación de estudiantes de cine que tuvieron su primera experiencia en una producción profesional.
Gabriel Arregui llegó a los estudios de Sirivinsky para conversar sobre cine, pero también sobre la ciudad, la formación de nuevos realizadores y las dificultades que atraviesa la producción audiovisual argentina. Director, productor y guionista, el cineasta platense por adopción se encuentra en la etapa final de su cuarta película, Arakiri, un proyecto que comenzó a gestarse durante la pandemia y que espera comenzar a recorrer festivales durante 2027.
La película tiene una particularidad: fue realizada íntegramente en La Plata, con escenarios reconocibles de la ciudad y con un equipo técnico integrado en buena medida por estudiantes de cine.
Una producción nacida en La Plata
Arregui contó que el proyecto comenzó hace aproximadamente dos años y que surgió a partir de un vínculo con estudiantes y docentes de la carrera de cine. Su propuesta fue incorporar al equipo técnico a alumnos destacados para que pudieran participar de una filmación profesional y, al mismo tiempo, recibir una remuneración por su trabajo.
De los más de cien jóvenes que se postularon, fueron seleccionados 11 estudiantes, elegidos por sus profesores, que participaron de la experiencia como parte del equipo técnico.
El rodaje se desarrolló durante tres semanas y tuvo como escenarios diferentes puntos de la ciudad. Entre ellos estuvieron el Hipódromo de La Plata, donde se registraron imágenes durante el Gran Premio, el barrio Hipódromo y el Centro Cultural Tita Merello, espacio que funcionó como uno de los principales lugares de filmación.
Para Arregui, el nivel de los estudiantes fue una de las grandes satisfacciones de la experiencia. Destacó que el trabajo pudo realizarse de acuerdo con lo planificado y valoró especialmente la formación con la que llegan los jóvenes a la instancia profesional.
Arakiri: una historia de tristeza, recuerdos y una segunda oportunidad
La nueva película sigue a un hombre de unos cuarenta años que atraviesa una profunda crisis personal después de la ruptura de su pareja. En medio de esa situación, el protagonista vuelve a conectarse con un recuerdo de su infancia ligado a un caballo llamado Arakiri.
El animal aparece asociado a su pasado en el barrio Hipódromo, donde el protagonista acostumbraba dibujar caballos. A partir de un episodio fantástico, el dibujo cobra vida y ese vínculo se transforma en una herramienta para comenzar a salir de la tristeza.
La propuesta combina ficción, elementos fantásticos y animación. Uno de los grandes desafíos de la producción fue precisamente ese componente: la película incluye cerca de 30 minutos de animación, un trabajo que demandó alrededor de un año y medio y que fue realizado artesanalmente por el equipo encargado de esa área.
Arregui explicó que el caballo funciona también como una representación del mundo interior del protagonista y que la relación con los animales ocupa un lugar importante dentro de la historia.
Hacer cine en tiempos difíciles
La producción de Arakiri estuvo atravesada por las dificultades económicas. Arregui reconoció que trabajar con un presupuesto reducido implica limitar los recursos disponibles y extender considerablemente los tiempos de producción y postproducción.
El realizador contó que durante el proceso hubo momentos en los que llegó a cuestionarse la decisión de volver a filmar. Después de alrededor de una década alejado de los rodajes, el proyecto significó regresar a una actividad que conoce profundamente pero que también supone una importante exigencia personal.
Sin embargo, la película terminó convirtiéndose en una apuesta por el trabajo colectivo y por la posibilidad de abrirles una puerta a jóvenes que todavía no habían tenido una experiencia profesional.
“Ya estoy grande para filmar sin plata”, fue una de las reflexiones que dejó durante la entrevista, al explicar que no quería trasladar los costos de una producción a personas que terminaran poniendo dinero de su propio bolsillo para poder trabajar. En cambio, buscó utilizar sus recursos para generar una experiencia laboral concreta para nuevos técnicos y realizadores.
El cine como herramienta para devolver algo a la comunidad
Otro de los proyectos que Arregui tiene en mente es realizar funciones de Arakiri cuya entrada pueda ser un alimento no perecedero.
La intención es que lo recolectado sea destinado a hogares, jardines de infantes u otras instituciones que necesiten alimentos para sus meriendas. La idea, explicó, nació como una manera de vincular la producción artística con una necesidad concreta de la comunidad.
De esta manera, el proyecto busca que el cine no termine únicamente en una pantalla, sino que pueda generar también una acción solidaria alrededor de cada función.
Una trayectoria construida desde la independencia
Arregui nació en Quilmes y se radicó en La Plata a los 27 años. Allí formó su familia y construyó buena parte de su recorrido profesional. Estudió cine en Avellaneda, en el IDAC, en una época en la que la formación cinematográfica que buscaba no estaba disponible en la ciudad. Comenzó a realizar películas en 1997.
Su primera película fue Mataperros. Luego llegó El Torcan, basada en la vida del cantor de tangos Carlos Gardel, según relató durante la entrevista, y posteriormente realizó una tercera producción que logró comercializarse en el exterior. Con los recursos obtenidos de ese trabajo pudo avanzar en la realización de Arakiri.
En total, Arregui señaló que participó como director, productor o guionista en varias producciones y que Arakiri representa su cuarta película como realizador.
La Plata como escenario y protagonista
Uno de los aspectos que más atraviesan la película es la presencia de La Plata. El Hipódromo, el barrio que lo rodea, el río y la zona de Isla Santiago aparecen como parte del universo visual de la historia.
El cineasta explicó que buscó mostrar esos lugares desde una mirada estética y evitar que la ciudad apareciera únicamente asociada a sus problemas. En ese sentido, Arakiri propone también una mirada sobre la belleza de los espacios platenses.
El Hipódromo tiene un papel especial: algunas escenas fueron filmadas durante el Gran Premio, aprovechando la presencia del público y el movimiento propio de una jornada de carreras.
También aparecen otros espacios de la región, entre ellos Isla Santiago, donde transcurre parte de la historia del protagonista.
La defensa de la producción cinematográfica
Durante la entrevista, Arregui también se refirió a la situación del cine argentino y al debate alrededor del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA).
El cineasta defendió la existencia de mecanismos de financiamiento para la producción audiovisual y sostuvo que, sin herramientas de apoyo, muchas películas y proyectos de nuevos realizadores quedarían directamente en la etapa de las ideas.
En su propia experiencia, decidió financiar Arakiri con recursos provenientes de trabajos anteriores, pero reconoció que no todos los realizadores cuentan con esa posibilidad. Para él, la existencia de estructuras que permitan acceder a financiamiento resulta especialmente importante para quienes están dando sus primeros pasos.
La discusión sobre el financiamiento del cine apareció así vinculada con otro de los ejes de la entrevista: la posibilidad de que los jóvenes puedan transformar su formación académica en experiencia laboral concreta.
El próximo desafío: llegar a los festivales
Actualmente Arakiri atraviesa su etapa final de postproducción. Arregui estima que la película estará terminada durante octubre y que durante 2027 comenzará su recorrido por festivales nacionales e internacionales.
Más allá de su estreno, el proyecto deja una experiencia que el propio director considera central: haber logrado reunir a estudiantes, actores, técnicos y trabajadores de la cultura para producir una película desde La Plata, en un contexto económico adverso y apostando a la formación de nuevas generaciones.
Para Arregui, hacer cine sigue siendo una forma de creación pero también una manera de dejar algo que pueda trascender al propio autor. Y Arakiri, con sus escenarios platenses, sus jóvenes trabajadores y su historia atravesada por la memoria y la búsqueda de una salida, busca justamente eso: convertir una película independiente en una experiencia que pueda llegar más allá de la pantalla.





