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MARCELA ABETE: “LA EDUCACIÓN DE JÓVENES Y ADULTOS ES UNA SEGUNDA OPORTUNIDAD”

La docente y especialista en educación Marcela Abete presentó en Sirivinsky Stream su libro “La Educación de Jóvenes y Adultos, la segunda oportunidad”, una obra que reúne más de tres décadas de experiencia en las aulas y reflexiona sobre las formas de enseñar, evaluar y acompañar a estudiantes con trayectorias educativas diversas.

Entrevistada en el programa de INFOLAPLATA por Mario Ciancaglini, abete aseguró que la educación de jóvenes y adultos no se reduce a la posibilidad de terminar la primaria o la secundaria. Detrás de cada estudiante existen historias, necesidades, tiempos y experiencias diferentes que obligan a repensar las formas tradicionales de enseñar. Esa es una de las principales ideas que atraviesa el libro.

“La Educación de Jóvenes y Adultos, la segunda oportunidad” reúne 12 capítulos y 240 páginas y fue elaborado a partir de los más de 35 años de trayectoria de Abete en distintos ámbitos de la educación, desde su experiencia como maestra y profesora hasta su desempeño como inspectora.

La autora explicó que el libro no pretende funcionar como un manual de recetas para docentes, sino como una herramienta para pensar las prácticas educativas a partir de las características concretas de cada grupo.

Enseñar no es aplicar una receta

Uno de los cuestionamientos centrales de Abete apunta a las propuestas educativas que pretenden establecer de antemano qué debe aprender un estudiante sin considerar quién es esa persona, cuáles son sus intereses y qué conocimientos trae consigo.

En la entrevista, la docente cuestionó la comercialización de planificaciones prediseñadas para la educación de adultos y planteó la necesidad de recuperar la motivación y los intereses de los estudiantes.

“No es un libro de receta magistral”, explicó sobre su obra.

Para Abete, una planificación debe funcionar como una guía, pero necesariamente tiene que adaptarse a las características del grupo. El aprendizaje no ocurre de manera homogénea: no todas las personas aprenden al mismo tiempo ni de la misma manera.

Por eso, la tarea docente también implica identificar habilidades, competencias, intereses y necesidades particulares.

La evaluación también interpela al docente

Otro de los ejes desarrollados en el libro es la evaluación. Abete cuestionó la idea de asociar automáticamente evaluar con tomar un examen y sostuvo que la evaluación debe permitir conocer tanto lo que aprendió el estudiante como aquello que funcionó —o no— en la estrategia utilizada por el docente.

“La evaluación tiene que ver con la doble vara: saber qué aprendió el alumno, pero también qué le enseñé yo”, sostuvo durante la entrevista.

Desde esa perspectiva, cuando la mayoría de un curso presenta dificultades para alcanzar los objetivos, la respuesta no debería limitarse a responsabilizar a los estudiantes por no haber estudiado.

La evaluación, planteó Abete, también puede convertirse en una instancia de revisión de la propia práctica docente: qué estrategia se utilizó, qué debería modificarse y qué herramientas pueden favorecer mejores aprendizajes.

Una segunda oportunidad que puede cambiar una trayectoria

El título del libro surge, además, de una experiencia personal de Abete durante su trayectoria educativa.

La docente recordó el caso de una persona a la que, cuando trabajaba como maestra, le entregó el certificado de finalización de la primaria. Años después, ya desempeñándose como inspectora, volvió a encontrarla cursando el secundario.

Al reconocerla, aquella persona le dijo: “Viste, Marcela, adulto me dio la segunda oportunidad”.

La frase terminó convirtiéndose en el eje conceptual de la obra.

Para Abete, la educación de jóvenes y adultos permite recuperar trayectorias que quedaron interrumpidas y, en muchos casos, abrir caminos que van mucho más allá de la terminalidad educativa.

El recorrido puede comenzar con la finalización de la primaria, continuar con el secundario y llegar incluso a estudios superiores. La autora mencionó testimonios de personas que atravesaron la educación de adultos y posteriormente lograron convertirse en profesionales o docentes.

Por eso, sostuvo que hablar de esta modalidad solamente como una herramienta para erradicar el analfabetismo implica reducir su verdadero alcance.

El legado del Plan Fines y la conexión con el trabajo

Durante la entrevista también surgió la experiencia del Plan Fines, que permitió a numerosas personas completar sus estudios secundarios mediante propuestas adaptadas a sus realidades.

La flexibilidad horaria fue uno de los aspectos destacados: existían comisiones de mañana, tarde y noche, una característica especialmente importante para estudiantes que trabajan, tienen hijos o deben asumir otras responsabilidades familiares.

Abete también remarcó la importancia de vincular la formación educativa con el mundo laboral.

En esa línea, destacó las propuestas que combinan la terminalidad secundaria con formación profesional, permitiendo que los estudiantes puedan obtener una doble titulación y sumar herramientas vinculadas con la empleabilidad.

La idea de fondo es que la educación de jóvenes y adultos no debe estar desconectada de la vida cotidiana de quienes estudian.

Nuevos diseños curriculares y una educación más flexible

La especialista también repasó los cambios registrados en los últimos años en materia curricular.

Según explicó, en 2017 se desarrolló en la provincia de Buenos Aires un diseño curricular específico para la primaria de adultos, mientras que en 2022 surgió el correspondiente a la secundaria de adultos.

Abete destacó que contar con un diseño curricular específico no significa que todos los estudiantes deban aprender exactamente lo mismo de la misma manera.

Por el contrario, sostuvo que esas propuestas deben interpretarse desde una perspectiva flexible, capaz de adaptarse a las diferentes trayectorias educativas.

La inteligencia artificial también interpela a la escuela

Uno de los momentos de mayor actualidad de la entrevista apareció al abordar el impacto de la inteligencia artificial en la educación.

Para Abete, la IA no puede ser ignorada por docentes ni instituciones educativas. Tampoco considera que la respuesta sea prohibirla automáticamente.

“La inteligencia artificial no va a venir a reemplazar al docente que se ocupe del asunto”, planteó.

El desafío, según explicó, consiste en aprender a utilizarla y comprender sus lógicas. La autora relató incluso que utilizó herramientas de inteligencia artificial durante la elaboración de su propio libro, aunque también encontró errores y respuestas que debió corregir desde sus conocimientos.

La experiencia le permitió reforzar una idea: la tecnología puede convertirse en una herramienta, pero requiere de criterio, formación y capacidad de análisis.

En el aula, esto implica que frente a un trabajo realizado con IA, el docente puede indagar al estudiante sobre lo producido, pedirle explicaciones y trabajar sobre el proceso de construcción del conocimiento.

“El estudiante cambió y la sociedad cambió”

La conversación también abrió una discusión más amplia sobre los formatos educativos.

Abete planteó que los estudiantes actuales tienen características diferentes a las de generaciones anteriores y que la educación necesita revisar sus formatos para acompañar esos cambios.

La discusión no pasa únicamente por elegir entre presencialidad o virtualidad. También implica pensar cómo se enseña, con qué herramientas y de qué manera se construye el vínculo pedagógico.

En este punto, la docente consideró necesario trabajar sobre las vocaciones y motivaciones de los estudiantes desde edades más tempranas y abandonar la idea de que todos deben aprender exactamente lo mismo, al mismo ritmo y mediante idénticas estrategias.

Un libro nacido de la experiencia

La construcción de “La Educación de Jóvenes y Adultos, la segunda oportunidad” llevó prácticamente todo 2025. Abete explicó que el proyecto comenzó con unas 120 páginas y fue creciendo hasta convertirse en una obra de 240 páginas.

Cada capítulo parte de una experiencia concreta. Algunos relatos corresponden a estudiantes, otros a docentes y otros a situaciones que la propia autora atravesó durante su carrera como docente o inspectora.

A partir de esas historias, el libro avanza hacia cuestiones pedagógicas específicas como planificación, evaluación, enseñanza y aprendizaje en jóvenes y adultos.

La obra fue presentada el 23 de abril en la Feria del Libro, en la sala Walsh, y posteriormente comenzó a circular en diferentes espacios educativos.

Además, fue transformada en formato ebook para facilitar su acceso fuera del país, especialmente a lectores de España y otros lugares de Latinoamérica.

Educación a lo largo de toda la vida

Uno de los conceptos que atraviesan el trabajo de Abete es el de aprendizaje a lo largo de la vida.

La autora participó de congresos vinculados con la educación permanente de jóvenes y adultos y tiene previsto participar de manera presencial en un encuentro en Ica, Perú, durante octubre.

También incorporó al libro experiencias desarrolladas en congresos de Perú y España y referencias al denominado Manifiesto de Alba, vinculado con el aprendizaje a lo largo de la vida.

En definitiva, la propuesta de Abete parte de una premisa sencilla pero potente: la educación no termina cuando una persona abandona la escuela en la adolescencia.

Las trayectorias pueden interrumpirse, retomarse y transformarse. Y, en ese proceso, la educación de jóvenes y adultos puede convertirse en mucho más que una instancia para obtener un título: puede representar la posibilidad concreta de volver a estudiar, adquirir nuevas herramientas y abrir una nueva etapa.